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Hechos 25

 

Queridos jóvenes y amigos,

 

En el capitulo 25 de Hechos, creo que vemos la perdida de paciencia en el apóstol Pablo.  ¡Quien le puede culpar, viendo que difícil hubiera sido que Pablo, un hombre muy activo en las cosas de Dios, estaba encarcelado estos dos años o aun mas!   Hemos visto en el capitulo 23 las palabras del Señor Jesucristo a Pablo “Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma.”  Esta promesa es semejante a las palabras del Señor a los discípulos en Marcos 4:35 “Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado.”  Conocemos la historia.  Vino la tempestad, Cristo dormía, y los discípulos dijeron las palabras tan tristes “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”.  Es posible que Pablo sintió lo mismo.  El Señor le había prometido que iba a testificar en Roma, pero en vez de eso, el se encuentra yaciendo en prisión Romano, sin poder testificar a nadie.  Quizás el apóstol dijo también “Maestro, ¿no tienes cuidado......?”   Y nosotros, ¿no tenemos que confesar que muchas veces hemos dudado su amor y cuidado sobre nosotros, con mucho menos motivo?

 

Pues, vemos que hizo Pablo en su desesperación.  Dijo estas palabras al poder Romano “Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo.”  O Pablo, ¿no hubiera sido mucho mejor esperar unos cuantos días más?   Tú tienes la promesa de Dios que vas a ir a Roma.  ¿No seria mejor esperar que el abre la puerta?  Creo que es importante ver el verso siguiente; “Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea para saludar a Festo.”  Es este rey que dijo en el fin de capitulo 26: 32 “Y Agripa dijo a Festo: Podía este hombre ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César.”  Pablo hubiera podido irse a Roma libre, en vez de en cadenas.  Sabemos que no se frustró los propósitos de Dios, por supuesto.  Pero no ignoremos que al acudir a medios humanos para nuestro socorro, vamos a perder algo.  O, jóvenes y amigos, ¡que no dudemos su cuidado, su amor, su poder, y su sabiduría para con nosotros!

Su hermano en Cristo, Felipe Fournier