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Algunos pensamientos sobre el libro de Esdras y Hageo

 

Queridos jóvenes y amigos,

 

Estos pensamientos sobre los libros de Esdras y Hageo fueron el tema de un estudio que tuvimos en San Rafael, Argentina, donde el hermano Ricardo Guillen nos enseñó cosas bonitas.  No voy a poder recordar cuales venían específicamente del hermano Ricardo y cuales surgían en mi propia mente, pero no importa, sea toda la gloria para el Señor. 

 

El tema de estos dos libros era la vuelta a Jerusalén de un pequeño remanente de judíos menospreciados.  Se nota que en el tiempo de la gloria de Israel, los años se notaban según los reyes, o de Israel, o de Judá.  Pero en los libros de Esdras, Nehemías, Esther, Hageo, y Zacarías y el tiempo se nota por rey Gentil.  “En el año segundo del rey Darío en el mes sexto, en el primer día del mes, fué palabra de Jehová, por mano del profeta Hageo.”  El triste resultado de la desobediencia e idolatría de los hijos de Israel era el dicho de Jehová al profeta Oseas “vosotros no sois mi pueblo.”  Oseas 1:9  Habían empezado los tiempos de los Gentiles, Lucas 21:24, y estos tiempos continúan hasta el día de hoy.  Pero en su gracia Jehová había permitido “una poca de vida en nuestra servidumbre” Esdras 8:8, y el remanente de Judíos habían sido restaurados a su tierra, primeramente para construir la casa de Jehová y reestablecer su adoración y culto, y después, en el libro de Nehemías, para reconstruir el muro.

 

Es bien interesante y de mucho animo observar que los edificadores que vinieron a Jerusalén empezaron con la reconstrucción del altar.  “Y asentaron el altar sobre su base, bien que tenían miedo de los pueblos de las tierras, y ofrecieron sobre él holocaustos á Jehová, holocaustos á la mañana y á la tarde.”  Esdras 3:3  ¿No es de suma interés notar que todo el poder del enemigo no había podido destruir la base del altar?  Reedificaron el altar en el mismo sitio que antes, sobre la misma base.

 

Después de edificar el altar, empezaron la obra de reconstruir el templo.  Pero, ¿era en cualquier sentido el templo de gloria de los días de Salomón?  No, para nada, no era, y así dijo Hageo.  “¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su primera gloria, y cual ahora la veis? ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos?”   La gloria que pertenecía a la primera casa, la nube de gloria, no iba a volver a esta casa.  Pero de todos modos las palabras de animo para el pueblo eran “reedificad la casa; y pondré en ella, mi voluntad, y seré honrado (o glorificado), ha dicho Jehová.”

 

¿Qué pues, hay en todo esto para nosotros?  Bueno, cierto que hay mucho que podemos aprender.  Igualmente vivimos en día de ruina, donde lo que se ve en el Cristianismo es una casa grande, llena de confusión, con vasos de honra y vasos de deshonra.  Pero, ¿Qué tal la base?  Algunos dicen que ha sido destruido y no podemos ahora honrar y glorificar al Señor en una manera corporal (como un solo cuerpo.)  Pero la escritura nos dice “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor á los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.”  2 Timoteo 2:19  Así que, amados, hasta el día de ruina en que nosotros vivimos, todavía hay un lugar donde se puede congregar apartado de iniquidad para glorificar el Señor.

 

Pero, la gloria, ¿Cómo es comparada a la gloria manifestada en los Hechos?  Igual como en los días de Esdras, es para llorar en comparación.  Los Carismáticos anhelan la gloria de la primera casa, y tratan de imitar sus huellas.  Pero es un ejercicio inútil, pues vivimos en días de ruina y no de poder.  No podemos ni debemos pretender un poder que no tenemos.  Pero que lindo pensar de las palabras de Jehová al pueblo Israel a pesar de todo “yo seré glorificado.”  ¿Y no podemos creer nosotros lo mismo?   ¿No hay un lugar donde Jesucristo es glorificado aun en nuestro día?

 

Verso 7 de Hageo 2 dice “Y haré temblar á todas las gentes, y vendrá el Deseado de todas las gentes; y henchiré esta casa de gloria, ha dicho Jehová de los ejércitos.”  ¿No es una maravilla el titulo del hombre rechazado, menospreciado, y por fin crucificado por ambos gentiles y judíos?  ¡El Deseado!  ¿Cómo es el para usted, querido lector?  ¿Puede usted decir “si, es el Deseado de mi corazón, anhelo glorificarlo en mi vida” o es mas bien “realmente este hombre no me interesa”? 

 

Verso 9 sigue “La gloria de acuesta casa postrera será mayor que la de la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.”   ¿Por qué dice que la casa postrera tendrá más gloria que la primera?  En este caso, esta hablando del templo de Salomón, que tenia valor de mas que mil millones de dólares y la nube de gloria de Jehová había descansado sobre aquella casa.  Pero nuestro versículo indica mayor gloria, porque el mismo Señor Jesucristo estará en la casa postrera.  ¡Que animo era para el pequeño remanente que habían construido esta casa en su estado de debilidad y ruina, bajo el imperio de Persia!  Los de fe, aunque vieron la casa como nada en comparación, podían regocijar pensando del día cuando su Mesías iba a morar otra vez en Jerusalén como rey glorificado y honrado.  Tenemos el prototipo en el libro de Esther en el hombre Mardochêo “Y Amán tomó el vestido y el caballo, y vistió á Mardochêo, y llevólo á caballo por la plaza de la ciudad, é hizo pregonar delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey.”  El judio menospreciado llegó a ser el honrado, y así Jesucristo, rechazado del los hombres, tendrá la gloria y honra en aquel día.

 

Semejante es el ánimo para nosotros, pequeño remanente en día de ruina, anhelamos el día de la venida del Señor para los suyos.  Las palabras tan claras de 1 Tesalonicenses 4:17-18 “Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes á recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.  Por tanto, consolaos los unos á los otros en estas palabras.”  Como los judíos anhelaban el día de gloria y manifestación de su Mesías, así nosotros anhelamos el día de gloria cuando seremos arrancados de este mundo para estar siempre con el Señor.  ¡O, Señor, que no haya nada en nuestras vidas que impida que nosotros gocemos de aquel día!

Ya esta algo largo esta lectura.  Quiera Dios que sea de bendición a nuestras almas.

 

Su hermano solo por gracia, Felipe Fournier