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Mateo, el publicano

 

Léase por favor Mateo 9:9-17

 

Queridos jóvenes y amigos,

 

“Y pasando Jesús de allí, vió á un hombre que estaba sentado al banco de los públicos tributos, el cual se llamaba Mateo; y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió.” Mateo 9:9 

 

He aquí se nos presenta al autor del evangelio de Mateo, llamado Levi en Marcos 2 y Lucas 5, y uno de los doce discípulos.  Estaba haciendo su trabajo, un trabajo muy menospreciado por los Judíos (cobrador de impuestos para los Romanos tan aborrecidos) cuando el Señor Jesús le llamó.  No leemos palabra ninguna que pronunció durante su tiempo con el Señor Jesús en la tierra, pero no hay duda que escribió todo el libro de Mateo.

 

Me parece que Mateo se había hecho amigo de otros en la misma profesión pues el verso que sigue nos dice esto, “Y aconteció que estando él sentado á la mesa en casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente á la mesa con Jesús y sus discípulos.”  Yo he notado como hay enlaces del mundo, no necesariamente malos, que nos conectan con otros seres humanos.  Yo siendo mecánico automotriz, tengo muchos conocidos y amigos que practican la misma profesión.  Pero he notado como los enlaces entre hermanos en Cristo son mucho más fuertes.  A veces voy de viaje a conjuntos de mecánicos para recibir capacitación.  Siempre hay algo de amistad que se nota entre nosotros, conversando de los desafíos y problemas que compartimos.  Pero ha sido mi costumbre siempre cuando voy de también buscar las reuniones de los hermanos congregados al nombre del Señor.  Yo he notado como las memorias mas fuertes y impactantes de mis visitas son las platicas y comunión que he tenido con mis hermanos en Cristo, y no lo que comparto con los otros técnicos, tan interesantes que sean. 

 

Pero lo bueno que notamos aquí acerca de Mateo es eso que invitó a sus amigos los publicanos de compartir con la presencia del Señor Jesús.  Yo espero que sea así con nosotros también.  Si tenemos amistades mundanas, que bueno si resulta en que ellos también conozcan al Señor. 

 

Se nota que los fariseos miraron con mucho desagrado que el Señor se sentara con los publicanos.  “Y viendo esto los Fariseos, dijeron á sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?”  Los hombres juzgan a otros hombres según su mentalidad y pensamiento de lo que vale su trabajo, o cuanto dinero tienen o han ganado.  Los mecánicos de mi país reclaman porque su profesión no es muy elogiada y piensan que merecen mas respeto de los demás.  Supongo que en otros países también hay trabajos que son más respetados que otros.  Pero que interesante es para mi ver como el Señor no buscaba a gente que tenía un lugar muy apreciado o respetado en este mundo.  En cambio, buscaba a los que eran menos valorados.  Eran pastores de ovejas a quienes los ángeles aparecen después del nacimiento del Cristo en Belén.  Eran pescadores y publicanos los discípulos antes de pasar su vida siguiendo al Cristo rechazado.   José, marido de María la mama de Jesús, era un carpintero y ellos eran muy pobres.  Así, mis amigos, yo pienso que no debemos valorar las cosas en la forma de este mundo.

 

El libro de Santiago nos habla de esta tendencia.  “Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro, y de preciosa ropa, y también entra un pobre con vestidura vil, y tuviereis respeto al que trae la vestidura preciosa, y le dijereis: Siéntate tú aquí en buen lugar: y dijereis al pobre: Estáte tú allí en pie; ó siéntate aquí debajo de mi estrado: ¿No juzguáis en vosotros mismos, y venís á ser jueces de pensamientos malos?  Hermanos míos amados, oid: ¿No ha elegido Dios los pobres de este mundo, ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido á los que le aman?”  Santiago 2:2-4

Así que, mis amigos, si somos como Mateo y tenemos un trabajo menospreciado, o somos pobres carpinteros como José, ¡que seamos “ricos en fe” como se habla en los versículos arriba, y como creemos que era Mateo después de recibir su llamamiento!

Su hermano solo por gracia, Felipe Fournier