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La Fiesta, o día de Expiación, Israel Arrepentido

 

Léase por favor Levítico 23:26-32, Zacarías 12:10-14

 

Queridos jóvenes y amigos,

 

“A los diez de este mes séptimo será el día de las expiaciones: tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida á Jehová.”  Vemos en esta fiesta, llamado el día de expiaciones, profetizado el arrepentimiento nacional de Israel.  La semana pasada vimos como serán llamados los esparcidos de Israel a su tierra, algunos en incredulidad, y otros en fe, para recibir su Mesías.  Pero hay necesidad de otra cosa antes que estén listas para recibir el Señor Jesús.   Esto vemos muy claramente en Zacarías 12 “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán á mí, á quien traspasaron, y harán llanto sobre él, como llanto sobre unigénito, afligiéndose sobre él como quien se aflige sobre primogénito.”

Vemos en la historia de José en Génesis 42-45 un prototipo de lo que van a pasar los tribus de Israel que estuvieron presentes en la tierra de Palestina en el tiempo cuando vino el Señor Jesús y fue rechazado y crucificado.  Dijeron los hermanos de José “Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, que vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le oímos: por eso ha venido sobre nosotros esta angustia.”  Esto era el principio de ejercicio en sus almas, pero no terminó allí.  En verdad, seguían en proceso de llegar a un profundo arrepentimiento, culminando en las palabras de Juda “¿Qué diremos á mi señor? ¿qué hablaremos? ¿ó con qué nos justificaremos? Dios ha hallado la maldad de tus siervos:”  Aunque no tenemos lugar aquí, sugiero que lean este capitulo 44 de Génesis, tan lleno esta de instrucción, marcando la senda de un arrepentimiento profundo y verdadero.

Es bien interesante que entre los hijos de Israel, había uno que no era culpable de haber pecado contra su hermano, y era Benjamín.  Así que, en el arrepentimiento nacional de Israel, no todos serán culpables igual, siendo que algunos se fueron cautivos antes que vino Cristo, y son menos responsables.  Leemos de ellos en Zacarías capitulo 13:6 “Y le preguntarán: ¿Qué heridas son éstas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fuí herido en casa de mis amigos.”  ¿No es una maravilla que vemos aquí profetizado tantos años antes que Cristo iba a tener heridas en sus manos?  ¡Y la muerte de crucifixión era totalmente desconocida en aquel entonces!

Hace varios años tuve la oportunidad de visitar un museo, llamado el Museo del Holocausto.  Era un horror de memorias de la persecución de los judíos durante la época de Hitler en Alemania.  Uno de las cosas que me impresionaron era un video que estaba comentando sobre la persecución de los judíos por las edades.  Una señora, que estaba narrando el video, dijo esto “Los Romanos crucificaron a un judío llamado Jesús, pero echaron la culpa en los judíos.”   Lo vi interesante su punto de vista, pero bien triste a la vez, porque negó su responsabilidad en la muerte de Cristo.  Pero negando la responsabilidad para su muerte, también despedimos toda posibilidad del perdón que se nos ofrece Dios por medio de la redención que hizo Cristo en aquella cruz.  Así nosotros, como ellos, somos responsables de haber causado su muerte.  Y en aquel día de expiación, ellos no van a hacer excusas, ni tampoco echar la culpa en otros, sino se van a afligir en angustia por darse cuenta de lo que hicieron, y cada un aparte.

Una cosa más creo que vale la pena notar.  Dice en nuestro capitulo, verso 28 “Ninguna obra haréis en este mismo día.”  Es tan notable ver que se menciona tres veces lo mismo.  Nos hace pensar de la obra redentora de Cristo, suficiente por nosotros, y también por Israel.  Ellos en aquel día ya no van a tratar de añadir sus propias obras, sino aceptar, como los hermano de José, que todo fue hecho en su favor.  “Que para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros.”  Génesis 45:5

¡Gloria sea a su nombre!

Su hermano solo por gracia, Felipe Fournier