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David y sus tratos con Mephi-boseth

 

Léase por favor 2 Samuel 19:24-40

 

Queridos jóvenes y amigos,

La semana pasada los dejé con una meditación sobre Mephi-boseth, quien esperaba con tanto anhelo la vuelta del rey David.  Ahora quiero notar con cuidado sus palabras que me han impresionado por varios años como ejemplo de uno que ha aprendido que es la gracia.  ¿Se acuerdan de la historia de Mephi-boseth?  Hay dos estudios en la páquina web http://philsautoteacher.tripod.com/id16.html  donde se puede leer como David salvó a Mephi-boseth, porque era hijo de Jonathan.  Para mi es muy instructiva ver aquí como este hombre había aprendido que la gracia que le había sido mostrado, requería que el mostrara gracia hacia sus hermanos, aunque fueran malos como Siba.  Notamos las palabras que dijo después de la pregunta de David “¿Por qué no fuiste conmigo?” acordando a la vez que Mephi-boseth supo que Siba le había acusado falsamente delante del rey de tener ganas de heredar el reino de su abuelo Saul.  “Y él dijo: Rey señor mío, mi siervo me ha engañado; pues había tu siervo dicho: Enalbardaré un asno, y subiré en él, é iré al rey; porque tu siervo es cojo. Empero él calumnió á tu siervo delante de mi señor el rey; mas mi señor el rey es como un ángel de Dios: haz pues lo que bien te pareciere.”

¿Se nota que Mephi-boseth muy poco enfocaba en Siba?  Ni siquiera mencionó su nombre; simplemente explicó al rey porque no pudo acompañarle, aunque lo había intentado.  Lo que sigue después es lo que revela como el corazón de Mephi-boseth había sido afectado por la gracia.  “Porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delante de mi señor el rey, y tú pusiste á tu siervo entre los convidados de tu mesa. ¿Qué derecho pues tengo aún para quejarme más contra el rey?”  ¡Que palabras de humildad!  Es algo muy común en el mundo hablar de derechos, escuchar gente diciendo “pero yo merezco…”.  No hay nada de esto en Mephi-boseth.  ¿Y, porque?  Yo creo que se ve aquí con claridad que el entendió que, por haber recibido la gracia, no le convenía pedir ni esperar juicio sobre Siba. 

¿Cómo es con nosotros, mis amigos?  Era una cosa muy fuerte que le había pasado a Mephi-boseth.  Calumniado, acusado falsamente, el rey David creyendo la mentira de Siba y entregándole a el todo lo que antes era de Mephi-boseth.  Todo esto hubiera podido producir en Mephi-boseth un profundo resentimiento y enojo contra Siba, y aun contra David que no mostró aquí mucha apreciación por el espíritu bueno de Mephi-boseth.  “Yo he determinado que tú y Siba partáis las tierras.”  ¿Qué?  ¿Siba, que hizo tan mal, iba a aprovechar por sus mentiras y calumnias?  ¿No iba a protestar Mephi-boseth esta gran injusticia de parte del rey David? Pero no, no fue nada de eso en este hombre que apreció tanto la gracia.  “Y Mephi-boseth dijo al rey: Y aun tómelas él todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en paz á su casa.”

O hermanos, veo en estas palabras una gran lección por nosotros.  Si hemos recibido la gracia, es obligatorio que mostramos la gracia.  Pero lo grande aquí es eso, que era el amor para David, y su apreciación para la gracia que había recibido, que hizo fácil para Mephi-boseth mostrar la gracia a otro, aun a otro que le había hecho una tremenda injusticia.  La gracia, y no la obligación, era lo que afectó a Mephi-boseth.

Veo tan importante este principio para los hermanos congregados al nombre del Señor que voy a extender este estudio un poco mas, mencionando lo que un hermano nos dijo recientemente acerca de Mateo 18.  Nosotros nos gusta los versos en medio del capitulo que hablan de “dos o tres congregados en mi nombre.”  ¿Nos damos cuenta de que este capitulo empieza con “cualquiera que se humillare como este niño” y termina con “Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno á su hermano sus ofensas.”?  La humildad y el perdón son dos cosas totalmente necesarios si vamos a caminar en la verdad de congregarse en su nombre.  De estas dos cosas Mephi-boseth es un gran ejemplo.

Su hermano solo por gracia, Felipe Fournier