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Pedro niega al Señor, parte 2

 

Léase por favor Marcos 14:50-72, Juan 18:15-18, 25-27

 

Queridos jóvenes y amigos,

Hace dos semanas vimos a Pedro calentándose en la fogata del mundo, pretendiendo ser uno de ellos.  Era una escena triste y vergonzoso, viendo la diferencia entre el discípulo Juan, vigilando cerca de la escena de la “prueba” (supuestamente) del Señor Jesús, mientras Pedro se fingía como que era alguien desinteresado en aquel hombre.  ¿Pero no es interesante que, a pesar de sus esfuerzos, otros se dieran cuenta de que Pedro pertenecía al Señor Jesús?  “Y estando Pedro abajo en el atrio, vino una de las criadas del sumo sacerdote; y como vió á Pedro que se calentaba, mirándole, dice: Y tú con Jesús el Nazareno estabas. Mas él negó, diciendo: No conozco, ni sé lo que dices. Y se salió fuera á la entrada; y cantó el gallo.”  Marcos 14:66-68  Aquí vemos el contraste entre Judas, un profesante falso que se había disfrazado como discípulo (y con éxito porque ninguno de los otros discípulos se dieron cuenta de que no era verdadero) y Pedro, que no se podía disfrazar como mundano. 

Hay algo muy interesante aquí en el evangelio de Marcos, algo que no vemos en los otros evangelios.  En los otros evangelios, el Señor Jesús le había dicho a Pedro “No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.”  Pero en Marcos, se nota que el gallo iba a cantar dos veces.  Como tenemos arriba, después que Pedro negó la primera vez “Y se salió fuera á la entrada; y cantó el gallo.”  ¿Qué es esto, menos una advertencia a Pedro?  ¿Cuáles eran los pensamientos que pasaron por su mente de Pedro, allá afuera en la entrada, ya no con los demás alrededor de la fogata?  No sabemos, pero es probable que podemos pensar de semejante ocasión en nuestras propias vidas, cuando íbamos para caer en algún pecado, y el Señor nos dio una advertencia.  Quizás era un susto, algo que nos pasó.  Quizás era un verso de la escritura que llegó a nuestra mente.  ¿Y que hicimos entonces?  Pedro puso oídos sordos al gallo, y se metió otra vez en el atrio para negar al Señor dos veces mas, y peor, con palabras sucias.  Pero a mi me parece que el primer canto del gallo debería haber sido una fuerte advertencia a Pedro que el camino en que iba no era bueno.

La última vez que Pedro negó al Señor, me parece algo muy solemne.  Pedro aparentemente había estado, no solo calentándose con los otros, sino también conversando con ellos, tal que su hablar le había perjudicado.  “Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres Galileo, y tu habla es semejante.”  ¿Y nuestro hablar, como es?  ¿Pueden los demás entender por nuestra forma de hablar que pertenecemos al Señor Jesús?  ¿O llegamos a sonar igual que los demás mundanos?  Quiero mencionar algo que he escuchado en muchos lugares en el mundo latino, y acá en los EU también, y creo que se hace sin pensar, pero cada vez me molesta.  La expresión “Dios mío” se usa a menudo como expresión de sorpresa.  Pero mis amados jóvenes, pienso que no se debe hablar así, usando el nombre de Dios en forma tan ligera.  Yo pienso que ustedes que lo usan, muchas veces no se dan cuenta ni siquiera, porque es una expresión tan común en el mundo.  Pero creo en verdad que en cierta forma llega a ser una maldición, o por lo menos, usando el nombre de Dios en vano.  Quizás nos seria de ayuda pensar que Cristo dijo en la cruz “Dios mío, ¿porque me has desamparado?”  No eran palabras ligeras, ¿verdad?

Parece que Pedro quiso probar que su hablar no era como uno de los seguidores del Señor Jesús, “Y él comenzó á maldecir y á jurar: No conozco á este hombre de quien habláis.”  Quizás era la forma de hablar cuando era un rudo pescador.  Recuerdo yo la forma de hablar en un taller donde yo trabajaba hace 30 años y era de esta clase de conversación.  Maldiciones y juramentos, todo el día, para fatigar y contaminar la mente.  Yo se que algunos de ustedes tienen que aguantar tal conversación día tras día.  Pidamos al Señor que nos protege para que no seamos como ellos, influidos a hablar de su forma de ellos.

Por fin vemos algo que es la prueba, que a pesar de todo sus esfuerzos para probar lo contrario, Pedro era verdadero. “Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro: y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente.” Lucas 22:60,61  ¿Cómo era la mirada de Jesús hacia Pedro?  ¿Enojado?  No creo.  Pienso que era una mirada lleno de amor y tristeza, como una pregunta “¿cierto que no me conoces, Pedro?”  Y Pedro, profundamente arrepentido y triste, brotó en lagrimas, algo que pienso era muy fuera del común para un hombre como el.  En cambio Judas, lleno de remordimiento, salio y se suicidó.  Pero Pedro no era un Judas; aunque había disfrazado como mundano, no era, y su corazón no podía seguir así cuando su amado Señor iba a ser crucificado.  Y usted, querido lector, ¿es un Pedro o un Judas?

  Su hermano solo por gracia, Felipe Fournier